La primera vez que se abre una terminal en Linux, lo que aparece es una línea con el nombre del equipo y poco más. No hay menús, no hay botones y no hay nada que invite a pulsar. Esa pantalla intimida, y sin embargo casi todo lo que se hace ahí a diario cabe en una lista muy corta: un puñado de órdenes para saber dónde estás, mirar lo que hay, moverte, copiar, borrar y buscar.
Esta guía recorre quince comandos de la terminal de Linux y explica para qué sirve cada uno, con lo que dice su propia página de manual y no lo que se repite de oído. No hay que memorizarlos: hay que entender qué hace cada uno y quedarse con el último de todos, que es el que permite consultar los otros catorce sin preguntar a nadie.
Antes de teclear nada: qué es esa línea
Lo que responde en una terminal no es Linux: es un intérprete de órdenes, normalmente bash o zsh. Lee lo que escribes, decide si es una orden suya o un programa que hay en el disco, y lo ejecuta. Esa distinción parece un detalle de manual y explica una rareza que aparece enseguida: algunos comandos de esta lista son programas con su propio archivo, y uno de ellos, cd, no lo es.
Dos costumbres que ahorran disgustos desde el primer minuto. La primera es el tabulador: al escribir las primeras letras de un archivo o de un directorio y pulsarlo, el intérprete completa el nombre; si no completa nada, es que lo que has escrito no existe ahí, y eso ya es información. La segunda es que las mayúsculas cuentan. Documentos y documentos son dos directorios distintos, algo que sorprende a quien viene de Windows y que está detrás de la mitad de los «no funciona» de los primeros días. Si vienes de ahí, el reparto de directorios tiene su propia lógica y la contamos aparte en la estructura del sistema de archivos de Linux explicada desde Windows.
Dónde estoy y qué hay aquí: pwd y ls
pwd es, literalmente, «imprime el nombre del directorio actual de trabajo». Escribes tres letras y te dice la ruta completa en la que estás. Parece poca cosa hasta que llevas cinco minutos saltando de un sitio a otro y has perdido el hilo, y es la orden que conviene teclear antes de cualquier cosa que borre o sobrescriba algo.
ls «lista el contenido de un directorio». Sin nada detrás enseña lo que hay donde estás. Con -a añade los archivos que empiezan por punto, que en Linux son los ocultos y suelen ser configuración. Y con -l cambia a formato largo: una línea por archivo, con los permisos, el dueño, el grupo, el tamaño y la fecha. Esa primera columna de letras y guiones es la puerta de entrada a otro asunto entero, el de los permisos, y merece su propio artículo.
Las opciones se combinan, y ls -la es probablemente la orden más tecleada del mundo Linux. Merece la pena acostumbrarse también a ls -lh: la h pide tamaños legibles, en kilobytes y megabytes, en vez de un número largo de bytes.
Moverse por el árbol: cd
cd «cambia el directorio de trabajo», y es el comando raro de la lista: no es un programa, sino una orden del propio intérprete. Tiene que serlo. Si fuera un programa independiente cambiaría su directorio y moriría, dejando al intérprete exactamente donde estaba, así que su manual no es el de un ejecutable, sino el del estándar POSIX que describe el comportamiento del intérprete.
Tres atajos que se usan todo el rato: cd .. sube un nivel; cd - vuelve al directorio anterior, como el botón de atrás; y cd a secas, sin nada detrás, te deja en tu directorio personal. La barra inclinada sola, /, es la raíz del sistema, y la virgulilla, ~, es tu carpeta de usuario.
Crear, copiar, mover y borrar: mkdir, cp, mv y rm
mkdir «crea directorios». Con -p crea de golpe toda una ruta que no existe, padres incluidos, y no protesta si ya estaba. Tiene además una opción que conecta con los permisos, -m, para fijar el modo del directorio en el momento de crearlo en lugar de crearlo y corregirlo después.
cp «copia archivos y directorios». Para copiar una carpeta entera hace falta -r, de recursivo, porque por defecto se ocupa solo de archivos sueltos.
mv «mueve (renombra) archivos», y el paréntesis de su propio manual es la lección: mover y renombrar son la misma operación. Cambiar el nombre de un archivo es moverlo al mismo directorio con otro nombre, y no hay un comando distinto para cada cosa.
rm «elimina archivos o directorios», y aquí toca el aviso serio. No hay papelera. Lo que borra una terminal no va a ninguna parte de la que se pueda recuperar con dos clics: deja de estar. Para borrar un directorio con lo que lleve dentro hace falta -r, y la combinación rm -rf es la que aparece en todas las historias de terror, porque la f quita incluso las preguntas de confirmación. La costumbre sana es teclear pwd y ls antes, para ver con los ojos lo que estás a punto de quitar de en medio.
Leer un archivo sin abrir un editor: cat, less, head y tail
cat tiene el nombre más honrado de la lista: «concatena archivos e imprime en la salida estándar». No es un visor de archivos, aunque se use como tal. Lo que hace es pegar uno detrás de otro el contenido de los archivos que le pases y volcarlo, y por eso con un archivo de diez mil líneas te deja la pantalla inservible.
Para leer de verdad está less, que «muestra el contenido de un archivo en una terminal». Se mueve con las flechas y con la barra espaciadora, busca con / y se sale con q. Es lo que quería la mayoría de la gente cuando escribió cat.
head «muestra la primera parte de los archivos» y tail «la última». Por defecto, diez líneas cada uno, y con -n las que le pidas. El truco que justifica que tail esté en una lista de quince es -f: deja la ventana abierta mostrando lo que se vaya escribiendo al final del archivo, que es exactamente como se mira un registro mientras algo está pasando.
Buscar dentro y buscar fuera: grep y find
Son dos comandos que suenan parecido y hacen cosas opuestas, y confundirlos es el error clásico del principiante.
grep «imprime las líneas que coinciden con un patrón»: busca dentro del contenido. Se le da un texto y uno o varios archivos, y devuelve las líneas donde aparece. Con -i ignora mayúsculas, con -n dice el número de línea y con -r recorre un directorio entero.
find «busca archivos en una jerarquía de directorios»: busca archivos, por su nombre y por sus características, no por lo que llevan dentro. Su sintaxis es la más rara de las quince, porque no son opciones sueltas sino una expresión que se evalúa: primero dónde buscar y después las condiciones, como -name o -type.
La regla para no equivocarse cabe en una línea: si buscas una palabra, grep; si buscas un archivo, find.
La tubería: por qué estos quince valen por muchos más
Lo que convierte una lista corta de comandos en algo grande es que se pueden encadenar. La barra vertical, |, coge lo que un comando escribe en la salida estándar y se lo entrega al siguiente como entrada. Por eso cat dice en su manual que imprime «en la salida estándar» y no «en la pantalla»: la pantalla es solo el destino por defecto.
Con eso, tres de los quince se vuelven piezas de montaje. ls -l | less lista un directorio enorme y lo deja paginado en vez de escupirlo entero. ls -l | grep algo se queda solo con las líneas que interesan. Y lo mismo sirve para quedarse con el principio o el final de cualquier salida larga con head y tail.
El otro símbolo que conviene conocer desde el principio es >, que en lugar de pasar la salida a otro comando la escribe en un archivo. Hay que usarlo con la misma cabeza que rm: si el archivo de destino ya existía, se queda con lo nuevo y lo anterior no está en ninguna parte.
Cuánto sitio queda: df y du
df «informa del uso de espacio de los sistemas de archivos»: la foto general, disco a disco. du «estima el uso de espacio de los archivos», y lo interesante está en esa palabra, estima, que viene de su propio manual y no es una licencia nuestra.
Los dos suman -h para dar las cifras en unidades legibles, y la pareja habitual es df -h para ver qué disco va lleno y du -sh sobre un directorio para ver cuánto ocupa. Que las dos cuentas no cuadren al céntimo es normal: miden cosas distintas y una de ellas lo dice en su nombre. Si el problema es de sitio en general, tenemos una guía aparte sobre cómo liberar espacio en el SSD sin perder rendimiento.
El comando que hace innecesario este artículo: man
man es «una interfaz para los manuales de referencia del sistema», y es el decimosexto de una lista de quince porque es el único que no hay que recordar junto a los demás: basta con recordarlo a él. man ls abre la página de ls, con todas sus opciones, escrita por quien mantiene ese programa. Se mueve como less, con las flechas, / para buscar y q para salir.
Cada frase entrecomillada de este artículo sale de la línea NAME de una de esas páginas. No hay ninguna fuente mejor y viene instalada en el equipo. El día que un comando de esta lista se quede corto, la respuesta está a cuatro letras de distancia.
Lo que viene después de estos quince
Hay tres que no entran en la lista a propósito, no por menos importantes, sino porque cada uno pide un artículo entero: tar, «una utilidad de archivado»; ps, que «informa de una instantánea de los procesos actuales»; y sudo, que «ejecuta un comando como otro usuario» y es la puerta por la que se hacen las cosas de administración.
Y quedan fuera, por el mismo motivo, los dos que gobiernan quién puede hacer qué: chmod, «cambia los bits de modo de un archivo», y chown, «cambia el dueño y el grupo de un archivo». Son la columna de letras y guiones que aparece con ls -l, y se entienden mucho mejor de una vez que a trozos.
Para practicar sin jugarse el equipo de cada día hay dos caminos cómodos: arrancar desde un USB live, que no toca el disco duro, o quedarse en Windows y usar WSL, el subsistema de Windows para Linux. Si la idea es algo más permanente, conviene leer antes los requisitos y riesgos del arranque dual. Con cualquiera de los tres, estos quince comandos se practican en una tarde.
Te puede interesar
Tech Planet participa en el programa de afiliados de Amazon. Si compras a través de estos enlaces, recibimos una pequeña comisión sin coste extra para ti, lo que nos ayuda a seguir creando contenido como este.
| Imagen | Producto | Características | Comprar |
|---|---|---|---|
![]() |
Apple Mac mini M6 | Chip M6 · 16 GB de memoria unificada · tres Thunderbolt 4, HDMI y Ethernet de 2,5 Gb · 12,7 cm de ancho | Ver precio en Amazon |
![]() |
Beelink MINI-S13 Pro | Intel N150 hasta 3,60 GHz · 16 GB DDR4 y SSD PCIe de 500 GB · 4K a 60 Hz · Wi-Fi 6 y Bluetooth 5.2 | Ver precio en Amazon |
![]() |
Beelink SER8 | Ryzen 7 8745HS de 8 núcleos y 16 hilos hasta 4,9 GHz · 16 GB DDR5 y 512 GB PCIe 4.0 · Radeon 780M · LAN de 2,5 Gbps | Ver precio en Amazon |
![]() |
BOSGAME E3 Neo | Intel N95 de cuatro núcleos hasta 3,4 GHz · 16 GB DDR4 y 512 GB SSD · tres salidas 4K · 126 × 112 × 41 mm | Ver precio en Amazon |









